Siempre serás mi orgullo

Hay libros que no solo se leen, se sienten.

Para que la historia cobrara vida, decidimos que no hubiera un solo narrador, sino muchos. Dividimos el cuento en fragmentos numerados y, por turnos, cada niño y niña fue poniendo voz a este tierno mensaje. Ver cómo se pasaban el testigo con emoción y respeto fue el primer gran momento de la tarde. La lectura compartida no solo mejora la fluidez, sino que crea un sentido de comunidad único. 

Tras la lectura, el ambiente estaba cargado de sensibilidad. Aprovechamos ese impulso para que cada participante redactara una carta personal. El reto era sencillo pero profundo: completar la frase "Mamá, quiero decirte que...".

Surgieron palabras de agradecimiento, promesas de besos y confesiones que, estamos seguros, se convertirán en tesoros guardados en los cajones de muchas casas. Fue un ejercicio de introspección y expresión emocional maravilloso.

Como toda buena tarde en la biblioteca debe terminar con alegría, cerramos la sesión con un juego de parejas. Después de tanta emoción contenida en las cartas, necesitábamos despejar la mente, movernos un poco y poner a prueba nuestra memoria y reflejos.

Gracias a todas las familias por confiar en estas actividades donde los libros son el punto de partida para crecer emocionalmente.



 





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