En la manita
Empezamos como más nos gusta: buscando el contacto. Los peques se acomodaron en el regazo de sus mamás y papás, creando ese espacio seguro donde las historias entran directo al corazón. Antes de abrir el libro, aprendimos juntos los movimientos de manos que acompañan a cada página. Las manos de los adultos se convirtieron en el primer escenario de la lectura. Después llegó la magia: leímos y cantamos el cuento mientras jugábamos a representar la historia con los dedos. Ver cómo las miradas de los bebés seguían el ritmo de la voz y el gesto de sus padres nos recordó por qué el gusanillo de la lectura empieza precisamente ahí, en los brazos de quien te quiere. Para cerrar la tarde, pasamos a la acción con un juego de memoria adaptado. Primero repartimos los personajes del cuento con las imágenes al descubierto para familiarizarnos con ellos. Luego, subimos la dificultad: tapamos la mitad y fuimos destapándolas una a una para adivinar quién se escondía detrás. Fue una tarde sencilla, de j...